good news everyone

Reproduzco un articulo del periodico La Tarde, aunque la verdad sea dicha no creo que personas que no vivan en Pereira lo entiendan mucho, pero hey! es una buena noticia.

El Pavo, ni se compra ni se vende

No estaba muerto, ni estaba de parranda. Le estaba dando un respiro a los ahogos del espíritu, que a finales del año pasado le nublaron la mente.

Después de un mes de especulación y de chismes, El Pavo volverá a abrir el próximo lunes las puertas del negocio que lleva su misma chapa, que por más de dos décadas se le tiene por la cantina más popular de Pereira, y por la que casi todo el mundo se ha dado la pasadita, ya sea "doctor o embolador", como dice en uno de los ya proverbiales avisos fijados en sus paredes interiores.

"Que lo van a vender", "que es que el Pavo está muy enfermo", "que lo emborracharon y se lo comieron pa" diciembre". De eso habló más de uno desde el día en que las puerticas color mostaza de la Quinta con Veintitrés se cerraron, sin más explicaciones que las de la novia cansada que quiere tiempo.

El desparche fue general. El viejito jubilado, el eterno universitario que se la pasaba la mitad del tiempo en la mesa y la otra mitad dándose unos "plones" en el andén, el que no tenía plata para la cerveza en Hot Topic y se disculpaba diciendo que la música allá 'es una bandera", hasta "La Chiqui", a la que parecía que fuera su chaza la que la llevara y no al revés; a todos les hizo falta El Pavo, así de pronto. Por supuesto, "Efra", John y Ferney se quedaron sin camello.

Pero ayer, justo un mes después de que El Pavo cerró por primera vez en su historia (en un día que no fuera de semana santa o de ley seca), tocamos a la puerta del Pavo, de Ó scar Valencia, para que nos contara qué fue lo que pasó y que va a pasar con su negocio.

"Me perjudiqué"

Resulta casi una ironía que así como al pavo de finca, que emborrachan para pasarlo al papayo, a Don Ó scar el trago lo tuvo jodido todo el año pasado.

"Yo era alentao porque no tomaba ni nada, era juicioso, pero usté sabe que uno con los amigos se alegra y con clientes buenos y hasta se emborracha uno con ellos, y resulta que eso me cogió ventaja y me alcoholicé, ya no era capaz. De la única manera que lo vine a dejar fue con la enfermedad".

Esa enfermedad, que según cuenta su esposa se llama depresión, lo estaba llevando a embarrarla más de la cuenta. "La misma conciencia lo acusa a uno, bregué a dejar el trago y no podía", nos confesó. Lo que no nos contó es qué fue primero, si las borracheras o la depresión, pero el caso es que en ese trote estuvo un año, mientras la clientela, sin querer, le torturaba el alma pidiéndole rondas de cerveza y entables de ron.

Después, se hizo el loco con las pastillas que le mandó el doctor Uriel Escobar, entonces esa depresión, que lo había dejado por varios meses, se sentó de nuevo a la mesa y pidió trago. "Estuve bien, pero ahora últimamente me dio la recaída. Pero ahí sí me perjudiqué".

John no se le midió

Comenzando diciembre del año pasado, las cosas no andaban bien para Don Ó scar. Tanto, que fue su cuñado el contador, que le ayuda con los asuntos de ley de su negocio, el que le recomendó a la familia que lo mejor era cerrar, para que El Pavo (el hombre) se recuperara.

Al principio, pensó en que John, quien ya ajustaba 13 años trabajando para él, se encargara de todo, pero él no se echó encima ese chicharrón, entonces las palabras "se vende" y "se arrienda" se le aparecieron a las puertas del Instituto del Sistema Nervioso, en donde lo sorprendió la noche de Año Nuevo y siete días más. "Ya habíamos liquidao los empleados y todo, pero salí con nuevos arranques y los llamé, que si querían volver a trabajar conmigo y ellos me dijeron que claro".

Así las cosas, cuando el bar abra de nuevo la próxima semana, los tres muchachos de siempre, (y Hugo, el hijo del patrón), volverán al sempiterno trabajo de servir tragos, cobrar las cuentas y lidiar con uno que otro borracho cansón.

Ninguno de los dos pavos será igual en lo sucesivo. Don Ó scar dice que no va a hacer ninguna bulla para la reapertura, y hasta piensa cerrar los domingos para tomarse un descanso y de paso, sus empleados.

La buena noticia es que, para compensar a su distinguida clientela, el negocio romperá con su tradición de echar la gente a la media noche y dejar abierto hasta la una.

"Es una bendición de Dios"

Nacido en Sevilla, Valle, Ó scar Valencia le compró a unas hermanas el local que ocupa El Pavo hace 26 años, y que según cuenta, se llama así por petición de unos trabajadores de Bavaria, cuando le llevaron el aviso de fachada del negocio.

Desde eso es que medio Pereira lo llama así, mientras la otra mitad se pregunta qué es lo que tiene un sitio cuya apariencia no se compadece con su fama, pero al que "caen" jubilados, vagos, intelectuales que no parecen y otros que parecen y no son, viejas desparchadas, y por supuesto, periodistas, a tomarse las cervezas más baratas de la ciudad.

"Eso yo lo tomo como una bendición de Dios que me ha ayudao. La cerveza es barata, pero esto aquí es muy tranquilo, muy sano", dice.

Por eso no resulta extraño que una cantina tan particular figure entre el listado de sitios que un pereirano le recomendaría a un visitante. Y no es carreta.

Una encuesta que realizó en 2005 la Universidad Nacional para la Alcaldía de Pereira, sobre percepciones sobre la seguridad y la convivencia en la ciudad, y que consultó la opinión de cuatro mil habitantes, reveló que el 1.8% de ellos recomendaría a un turista darse una pasadita por El Pavo, así como recomendarían visitar el el Viaducto, Ciudad Victoria o el Zoológico. Nada mal para un lugar por el que ha pasado buena parte de la "fauna" pereirana.